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De pajaritos y pajarracos

    No sabría decir en que momento comenzó todo porque, como en la mayoría de cambios, sus orígenes se pierden en la bruma del recuerdo. Hace años, mi mirada debió sobrevolar el término con indolencia, ajena al fastidio con el que hoy nota su insolente persistencia; seguramente en una cafetería: remanso en que darse a la lectura de un diario tendencioso y adoptar un par de ideas de prestado entre sorbo y sorbo de café humeante... Mientras, a miles de kilómetros, un risueño Juan Valdez seguido de su inseparable mula, trota risueño colina arriba en esa arcadia que debe ser el campo colombiano: un acercarse a a un cafeto para comprobar la calidad del grano, certificada con otra sonrisa; un volverse al camino para al poco saludar a un amigable miembro de las FARC; Conchita, avanzando a duras penas tras su amo, quebrado el espinazo bajo las sacas, preocupada por el redoble en la lejana sierra, ignorante de la saña con que la DEA castiga lo más selecto de la industria agrícola del país; finalmente, Juan Valdez nota nuestra presencia y, recortado sobre la selva nos despide con el brazo. Con fastidio somos arrancados de nuestra ensoñación para regresar a una realidad en crisis. De nuevo entre las páginas del periódico, de nuevo con el respaldo de la silla clavándoseme en los riñones, aplanado el culo; me sorprende lo avanzado de la lectura y pienso en los titulares, quién sabe si párrafos enteros, leídos maquinalmente: ¿Habrán dejado algún poso en mi subconsciente?¿Se colaría así la fastidiosa palabra entre mis pensamientos, tuteándolos cada día con más descaro? ¿O la realidad fue bien distinta? Sea como fuere, percibo con tristeza la indiferencia que causa el amancebamiento de lo analógico y lo digital; que las redes sociales asomen por entre las páginas de ese delicioso anacronismo que es el periódico. La banalidad de unas desentona con ese pretendido ánimo de lavarnos el cerebro informar del otro, de trascender el mundanal ruido para comprender un poco mejor una realidad que nos asfixia. Twitter es una cacofonía vana: el siguiente y van... paso en la comunicación, los gorjeos de una comunidad a la que ya no basta con mutilar la gramática en pos de la inmediatez, sino que ahora se ha decidido por hace lo propio con las ideas, los conceptos...



    Twitter, a diferencia de otras redes sociales, no busca una comunicación horizontal sino vertical, al estilo de esta santa casa: Blogger -la plataforma que me permite difundir mis ideas a una audiencia a la que no le importan, lo cual demuestra su enorme criterio. ¡Gracias Google!-. Precisamente por eso se la define como plataforma de microblogging. Con la brevedad de las entradas por seña, escasos 140 caracteres, parece recuperar una forma de escritura que se creía extinta, conservada únicamente por un reducido grupo de literatos anónimos en los baños públicos: el epigrama. Twitter podría haberse convertido en un interesante proveedor de noticias, tal que un teletipo personalizado, o en el hábitat en que Paulo Coelho nos asaete a cuestiones de metafísica basura, pero lo ilimitado de la inventiva humana le ha asegurado usos bastante más lamentables. Podría extenderme más pero: ¿Qué les voy a contar a ustedes?

    A simple vista, Twitter presenta dos problemas fundamentales:

  • En primer lugar nos topamos con que los 140 caracteres se erigen en barrera formidable para desarrollar una idea de cierta complejidad; como mucho dan para aseveraciones u opiniones infundadas. Eso si pretendemos contar algo, sustancioso...
  • El graznador twittero promedio supone que los demás, sus incautos seguidores, han de sentir una extraña fascinación por toda cuanta chorrada se le ocurra, incluidos los pormenores de su miserable existencia. Algo que parece entroncar con esa aspiración humana de alcanzar la fama sin aportar nada de provecho: Fama por ser quiénes somos, fama que emana de nuestra persona, aunque esté revestida de la mayor de las mediocridades. Sin lugar a dudas esto refleja un problema de fondo mucho mayor que excede el ámbito de este análisis y, para que negarlo: de mi capacidad y paciencia.
    Pero lo realmente inquietante es su parecido con un enorme patio de vecinos: Siempre prestos al linchamiento, a la grotesca deformación del boca a boca y a someter al pobre infeliz que ha tenido a mal atraerse el sambenito del "hashtag" a la picota digital. ¿Pensaba que los ajusticiamientos públicos habían pasado de moda? No se engañe, ahora los autos de fe son "trending topic": No hemos cambiado nada. Tampoco en lo de meter anglicismos con calzador: ¿Qué tienen de malo "etiqueta" y "temas más populares" para que no los quieran?

#Estoyapuntodelkjdfakjkldsfjakyyyyyyyyyyyyyy
    Y eso pasa a la prensa, y, como es normal, me cabreo y pienso no ya en bandadas de pajarracos, sino más bien en una piara de cerdos famélicos alrededor de un pesebre vacío. En un porquero que se acerca con un cubo de desperdicios y que, tras verterlo, sale corriendo. Al instante, los cerdos se confunden en un torbellino de cabezas que pugnan por un bocado, cabezas que lanzan mordiscos al aire, de marranos saltando sobre los demás mientras retumba una cacofonía de gruñidos, oinks y gñies; cuerpos rosados cubiertos por una capa de barro y mierda; una pestilencia asfixiante. Siempre hambrientos, siempre esperando a una nueva ración de sobras.

    La voracidad es el mayor de los males de la red que termina por trasladarse al papel. Trufando las páginas de polémicas estériles sobre tales o cuales palabras de una Mariló Montero, un Wert o una Amaia Montero, habitualmente sacadas de contexto. La reflexión completa de Mariló diluía un poco la estulticia de su tesis; Wert, aunque pésimo ministro de Educación, no es tan radical como parecía indicar la oración más dura de su discurso, excesiva sin la compañía de otras que la matizasen, y cualquier desdichado seguidor de Amaia Montero podría confirmar que su febril actividad a la hora de acuñar moñadas la expone a que de tanto en tanto haga saltar los plomos en mentes menos cándidas. Pero eso no pareció importar a los miles de twitteros que se cebaron con ellos. Hecho que no hacen más que confirmar el ímpetu irreflexivo de los mismos, de su inflamabilidad ante la insensatez de cualquier pirómano.

    Mi alusión al epigrama no era casual, puesto que se trata de una composición especialmente funeraria: Sellamos con cada twitt la tumba de nuestra cultura. Siglos y siglos de pensamiento abandonados a la putrescencia. Palada tras palada.

Twitter es una mierda. Suena rotundo, despojado de vehículo que ha de dárselo a entender. Sin matices, a lo bruto. Lejos de un trino, más cercano a la reverberación de un trombón, genuflexión de su autor, un sonido húmedo...

Las 5 cosas que más me encabronan de Internet


Escribo esto desde una paradisíaca playa de la República Dominicana, tras echar un vistazo a la cotización de mis empresas en la bolsa del Bhután, cómodamente tumbado en mi hamaca y sorbiendo agua de coco al tiempo que espanto a insidiosos vendedores de toda clase de mierdas que acuden erectos a la llamada de mi pestífero sudor. Bueno, lo anterior no es del todo cierto, por no decir que es totalmente falso: escribo desde mi casa en el tiempo que me deja libre el trabajo de verano que ejerzo realizo para costearme mi tocada de nabo mis estudios universitarios y que no dedico a mi ocupación del resto del año. Por eso les recomiendo hamijos que estudien mucho para poder tocarse el nabo también en verano e incluso para optar a que se lo toquen sin la malicia con que lo hacen con el mío.

El tema de hoy es de lo más interesante, si por interesantes entienden cosas como las evoluciones del vuelo de los insectos o la tristeza postcoital: Internet y su subcultura de porfiados palurdos e ignorantes de postín entre los que me incluyo modestamente. Y, como no soy menos que nadie, voy a publicar un artículo donde no impere más ley que la de mi opinión y en el cual los pocos datos presentes sean aquéllos en que me apetezca apoyarme aunque sea a la pata coja. Para redondear la fórmula lo envolveré todo en mi habitual ecléctico barroquismo que, al igual que siempre, no alcanzará a ocultar el que tan sólo soy un funambulista balanceándose en el vacío de la ignorancia sobre un hilo de anaeróbicas oraciones.

Así que sin más preámbulos, este texto versa sobre la serie de cuestiones que hacen que me plantee iniciar la odisea de darme de baja de Internet y volver al mundo analógico. Como son varias cosas y lo bastante inconexas para que una mente como la mía, pareja en capacidad relacional con la de las ovejas aquejadas de cefalea, sea incapaz de desarrollar un texto como el Monstruo del Espagueti Volador manda voy a optar por el camino fácil de endiñarles una lista:


LAS 5 COSAS QUE MÁS ME ENCABRONAN DE INTERNET:  ¿por qué cinco y no 20?…porque por el culo te la hinco y no me hagas más preguntas que me tienten.


5- LA VERDAD ESTÁ AHÍ FUERA...¿VERDAD?

Una de las cosas más características de la red es la credulidad con que se toman datos de procedencia más que dudosa; las más de las veces pura especulación subjetiva cuando no marcadamente tendenciosa, sensacionalista, paranoide o cualquiera de los adjetivos que suelen aparecer en la crítica de un libro de Tom Clancy, a la par que se rechaza la parcialidad de todo aquello que huela a grupo editorial. Pero en los medios impresos se dan dos particulares que brillan por su ausencia en Internet: el autor firma con su nombre un texto del que responde y éste ha pasado por el tamiz de un editor que asegura unos mínimos de calidad o, a falta de ésta, de interés.

Esto no solo se refiere a los artículos de la Wikipedia trufados de incorrecciones y que se cortapegan con una tranquilidad tal que si los avalase la Ilustración en peso sino al enorme cenagal de mentiras de toda índole, tanto flagrantes como producto de la mejor de las voluntades, que se confunden con lo auténtico y que se ha convertido en el sustrato ideológico de gente que comienza a creer que la respuesta a todas sus dudas, ya sean estas políticas, metafísicas o de los múltiples usos de la mantequilla, se hayan en la red al alcance de un solo clic. O dicho de otro modo: la inmediatez suele ser recíproca: tardas tanto en leer el texto como su autor en escribirlo y eso repercute muy negativamente en su profundidad, exhaustividad y especialmente en su credibilidad. Digamos que yo para perpetrar escribir este texto manejo unos tres conceptos en mi mente aparte de 3969 pensamientos sexuales de explicitud y depravación crecientes  mientras que si fuese escrito por un sociólogo ambas esta cifra aumentaría enormemente. Y sólo esto; estaría apoyada por datos y no meras conjeturas y de los pensamientos que amenizan mis deyecciones, redundando en un texto mucho más nutritivo para sus caletres y con el que podrían estar o no de acuerdo en cuanto a tesis pero les aportaría las herramientas con las que desarrollar las suyas propias.

De esto no puede salir nada bueno.

Y es que en esta vida, por desgracia, ni todo ni todos merecen el mismo crédito, ni mucho menos tiene el mismo valor un texto escrito en las pausas para la merienda, tal que éste, que un uno fruto del esfuerzo de aquél a quién le sirve para pagarse los garbanzos. Ya pueden ser de ficción, un ensayo, periodístico o los maravillosos artículos de la Interviú por los que como español de bien me compro la revista; cualquiera ellos supera ampliamente la media de calidad de la red.

Y para acabar tres pequeños apuntes que me da pereza desarrollar:

  • Crear un periódico basado en los temas más leídos no lo hace mejor sino todo lo contrario. Hay información muy importante que no interesa a casi nadie. No, a mi tampoco.
  • Es mucho más fácil que te la metan doblada en Internet que en la prensa amarilla porque al menos ésta está sometida a cierta regulación de contenido y al peso de la ley. La prensa española es lo bastante libre, otra cosa es la diversidad, como para andar buscando “la verdad” en la trastienda de la información.
  • Un exceso de información sin ningún criterio de orden es peor que la ausencia total de la misma. Vivimos en la sociedad de la información pero no somos computadoras.

Y a modo de corolario: los medios impresos nos pueden engañar, claro que sí, pero merecen, a priori, más credibilidad que Internet.

4- ¡MAMÁ SOY EL MÁS POPULAR DEL BARRIO!
  - PUES SAL A JUGAR CON TUS AMIGOS.
  - …

Aparte de las dudosas ventajas e innumerables inconvenientes que han traído las redes sociales y de los que no hemos visto sociológicamente ni la punta del [que vuele su imaginación], lo que más me llama la atención es la cantidad de hamijos con que puede contar un abducido usuario de las mismas y que comienza a convertirse en un nuevo fenómeno cuantitativo capaz de generar conversaciones tan gozosas como la que sigue:

-Mira Segismundo, tengo 739 amigos.
-Bah, eso no es nada, yo tengo 4986.
-Bueno… Esto… la cantidad no es lo importante: los míos son más juguetones.
-Pero porqué iba a estar reñida la cantidad con el ánimo lúdico.
-…¡Cráneo previlegiado!

Al final lo que cuenta es la cantidad y acabas agregando hasta al chapero del otro barrio que conociste ayer porque el tuyo se ha ido de vacaciones o a toda esa gente que ingenuamente alcoholizada te ha dicho su nombre para que puedas llenar su tablón de comentarios que harían sonrojar a Alfredo Landa en plan piscinero. O incluso peor, emular las interminablemente almibaradas, con trazas psicoanalíticoparvularias, conversaciones-circunloquio de Dawson Crece o similares series de ésas que nos preparan para ser gilipollas y a mí, que me las veía todas, un excelente espécimen de gilipollas brasas.

Al final resulta que amigos de verdad, de esos que te aguantan la halitosis y tu personalidad esquizoide, tenemos cuatro o cinco y que perderlos resulta de lo más fácil como para andar echándole alpiste a una troupe de desconocidos para que llenen nuestro contador de visitas. De hecho el tiempo que dedico a este blog ha ocasionado la ruptura de la relación con mi perro porque les tenía celos.

¡¡¡Agregameeeeeee!!!


3- LA ERA DE LA INCICLOPEDIA.

Supongo que ya hay estudios sobre lo que voy a inventarme a continuación, pero como soy un vago de mierda no me he leído ninguno y voy a marcarme un pseudo-cutre-micro-sociológico-psicológico análisis sobre la incidencia de una satisfacción instantánea de la curiosidad, y además sin mover el culo del asiento que es muy cansado eso de ir a la biblioteca, en la formación intelectual de las generaciones que han nacido con un ordenador debajo del brazo.

Yo sostengo que Internet ha formado a toda una caterva de resabidillos que, acantonados tras sus teclados y sus abejiles ideas, por eso de ir de flor en flor del conocimiento, creen saber de todo y en realidad no saben de nada porque en nada profundizan.

En las causas yo veo en primer lugar la inmediatez: a lo que poco cuesta no se le da valor y acaba perdiendo pronto la atención en detrimento de un nuevo tema. Cuando antes sentías la necesidad de informarte sobre un particular, como por ejemplo el modo de cortejar a un ovino, no tenías más remedio que consultarlo en un libro o  preguntárselo a algún resabidillo, pastor trashumante en este caso. Pero, como las personas que nos las traemos de “kurtas” jamás aceptamos el no saber algo, siempre terminábamos por acudir a la primera de las opciones, que se abría al contacto de nuestras yemas y nos permitía penetrarnos de su sabiduría, sin reproches y sin pedir nada a cambio. Marranadas aparte, un libro no lo suele componer una sola reseña sobre un tema específico: forma un bloque en el que se entremezcla el objeto de nuestra ansia con los muchos que le son cercanos y sin los cuales no puede ser comprendido. Lo contextualiza y despierta nuestro interés por la maraña conceptual que se abre ante nuestros ojos, embriagándonos de transversalidad y fascinándonos la enormidad del conocimiento humano y su pequeñez en comparación con que nos queda por conocer y el mucho que nos es vedado. Por lo tanto, acabamos por especializarnos y desarrollar nuestros gustos personales y profundos. El mío, por ejemplo, es la desbarradura gafapástica sin previo aviso.

         En segundo y último, porque no se me ocurre ningún otro y especialmente porque quedaba muy cutre achacarlo todo a una sola cosa, está la naturaleza de la información disponible: la duración de los textos divulgativos es ridícula casi peor que la de mi mejor coito, sangrante si tenemos en cuenta que aquí no se gasta papel y lo mismo son dos que doscientas páginas, y a falta de contenido se le da una relevancia incomprensible a la anécdota. Ya sé que algunos piensan que el tamaño no es importante, sí, los cojones, pero esto sólo se sobrepasan unos mínimos. Yo, con un párrafo no tengo ni para los preliminares aunque se disfrace de Wonderwoman y me diga que he sido malo y que todo el universo DC va a practicar el medievo con mi culo. Bueno…sería cuestión de probarlo. Y es que una idea no son cuatro datos y tres anécdotas sino que debe llevar aparejado un desarrollo para ser accesible.

Las consecuencias las conocemos todos: una vorágine de opiniones de prestado, tangentes y anecdóticas, que se profieren con la satisfacción de quién se cree erudito, la consiguiente cerrazón a admitir los propios errores y carencias  y la constatación de que Sócrates sigue siendo el más sabio aunque hoy, al igual que siempre, él sea el único que lo sepa. El lugar: la inmensidad de ciberespacio, porque el resabidillo no se contenta, como yo, en porfiar en su propio blog sino que tiene que demostrarnos a todos los demás lo listo que es y atiborrar los comentarios de puntualizaciones o polémicas en pos de su lucimiento personal o incluso peor: hacernos depositarios de las místicas revelaciones de Perogrullo.

Pero ya me he cansado de este tema, así que paso al siguiente.


2-YO, YO MISMO Y MI PENE.

  ¿No se han fijado en que en las redes sociales la gente que conocen del mundo real habla de una manera un poco extraña? Unas veces, esta discrepancia no es más que una intensificación de la gañadería o un desborde de lo melifluo de su conversación, otras, la cosa se vuelve de lo más inquietante. Especialmente cuando su interlocutor interrumpe constantemente la conversación con una polución de jajajaes o cuando reparan en que no sólo ellos sino usted mismo suenan como unos completos gilipollas ante la irrefutable evidencia de su verborrea por escrito.

¿Esquizofrenia? ¿Personalidad múltiple? La respuesta es más simple: cuando la gente tiene un tiempo para pensarse lo que va a decir, lo usa para afectar la conversación. Es como cuando quieres cepillarte a otro ser vivo con los inertes no existe el problema del cortejo y quieres agradarle con cada cosa que dices. El resultado es que el otro siempre acaba pensando que eres retrasado y tus opciones por llevar la comunicación a un nivel horizontal se reducen a:

  • Empezar a soltarte y descubrir que al igual que tú eres gilipollas también lo son los demás y que es mejor decir tonterías fluidamente que devanarse el seso para decirlas a trompicones.
  • Hablar de la filosofía de Hegel inventándotela toda sobre la marcha. No te preocupes, nadie la entiende lo suficiente como para calarte y quedas la mar de “curto”. Asentirán ostensiblemente hasta que no tengan más remedio que silenciarte con cualquier medio a su alcance. Pero ten cuidado, no vayas a atragantarte.
  • Dar mucha pena. Funciona siempre, a excepción de que tu interlocutor no tenga compasión en cuyo caso esta conversación nunca habría tenido lugar.

Sin embargo, lo que más me interesa a mí y a los futuros psiquiatras de este país es ver el increíble incremento de testosterona que se da al escudarse en el anonimato. No hay más que ver los foros trufados de insultos hacia el moderador, el resto de asistentes y sus respectivas madres. En periódicos online, en páginas deportivas, en otras de filatelia, en blogs de opinión, en la Meristation y si me apuran y conmigo al espaciotiempo hasta en el consultorio de la señora Francis. Así que no les extrañe que dentro de poco, en redes como Meetic la gente ligue insultándose entre ella aunando finalmente ambos mundos.


1-POR EL AMOR DEL DICCIONARIO ESPASA-CALPE YO TE EXPULSO.


No hay cosa que más me hinche los cojones de Internet que las discusiones sobre gramática u ortografía escribir como el culo en lugares que no vienen a cuento. Por ejemplo ¡No, otra vez no! en los foros del Marca. En serio. ¿Qué coño tiene que ver el fútbol con la gañadería gramática?

Escribir bien nunca está fuera de lugar, pero ninguno de nosotros somos catedráticos de la RAE como para andar tocándoles los huevos a los demás cada vez que cometen una falta ortográfica. ¿Se sienten más onvres acaso? ¿Creen que por saber escribir bien ya tienen razón en todo? ¡Hoyga, yasta vien!

Seguramente, si analizásemos este post podríamos encontrar más de diez errores ortográficos entre diacríticos que no me sé, puntuación arbitraria y pura presbicia. Y gracias a San Corrector del Microsoft Word que no hay más. El que esté libre de haberle dado alguna vez una patada al diccionario aunque éste se haya tirado luego a la piscina, que me ponga el primer comentario abstenerse auténticos miembros de la RAE y maestros de primaria porque seguramente también él las cometerá. Yo no me creo Dámaso Alonso y no voy dándole lecciones a nadie por la red al igual que no utilizo una nadería para derribar un argumento sólidamente fundado porque, en caso de serlo, algo no deja de ser cierto por estar mal escrito. Además, si lo entienden igualmente: ¿Para qué coño se dedican a joder la marrana?

Y recuerden que si desean mantener una de estas enconadas polémicas en la vida real, puede suceder que el ignorante decida amortizar las horas de gimnasio que ha hecho y que ustedes se han gastado en perder la vista ante la nueva gramática española y partirles algo más que el alma.

¿Qué decías sobre el laísmo?

Nunca el hablar anónimamente fue tan fácil, sí señor Palomino, es digna de encomio su integridad al seguir todos y cada uno de los postulados que defiende y por tanto desvelar su verdadera identidad en la red, y como todos tenemos una opinión de todo de generación espontánea si hace falta, pues nos metemos a discutir incluso en sitios dónde no pintamos nada y donde ni mucho menos sabemos de qué coño va el tema. Viendo la cantidad de genios que pululan por la red y comparándola con la de ellos que me encuentro en el mundo real comienzo a sospechar de dónde vienen los demenciales beneficios de Teleformica. Por eso me veo en la cívica labor, propia de los grandes agentes sociales que como mi oronda eminencia tienen tal poder de convocatoria, de lanzar este llamamiento:

Ya sé que hay que amortizar el sobreprecio de la vivienda pero, Hamijos, pofaó sargan der txabolo. Hay todo un mundo tras las cuatro paredes de su domicilio, ya sea este arrendado, en propiedad, hipotecado, embargado o incluso imaginario, con conversaciones cara a cara, o cara a tetas si son onvres y/o cualquier ser que sienta simpatía por el bello sexo y fablan con una muhé de marcada personalidad, mil veces más placenteras, directas y constructivas que las que se mantienen en, por ejemplo, ésta su página amiga pero sin derecho a roce.


Pues a mí me gusta la ley Sinde

    
    Hoy voy a hacer de abogado del Diablo y a tratar de justificar una ley que la mayoría de internautas españoles consideran injusta. Y lo hago yo, que soy más bucanero que los Village People. Pero una cosa bien distinta es que la piratería nos beneficie a nivel personal y se haya asentado en nuestras vidas y otra que sea un derecho defendible.


    Para empezar voy a hacer algo que no se estila mucho hoy en día: lejos de adoctrinaros de entrada voy a explicar breve y objetivamente en que consiste la ley para luego lavaros el cerebro sin compasión. Si preferís el método clásico porque eso de razonar las cosas está sobrevalorado y es más fácil que lo haga otro por vosotros podéis simplemente pasar al siguiente punto.

¿EN QUÉ CONSISTE LA LEY?

    La conocida como ley Sinde es en realidad uno de los apartados de la Ley de Economía Sostenible, que es un ladrillo importante que como buen ciudadano español que soy no pienso leer, titulado como Disposición Final Cuadragésima tercera que deroga y modifica las leyes preexistentes al respeto con el fin de salvaguardar los derechos de la propiedad privada. A tal fin, se crea la Comisión de la Propiedad Intelectual que depende del Ministerio de Cultura y que se subdivide en 2 secciones:
  • La Sección Primera se encarga de las funciones de mediación y arbitraje y básicamente nos importa una mierda en este artículo porque su función es la de dirimir contenciosos entre distribuidores  y de éstos con los consumidores. Ésto me la resbala porque la única relación mantengo yo con los distribuidores es con mi camello de confianza y nunca tenemos disputas más allá de cuando lo apuñalo consumido por el mono para androjarme porque ya no me queda nada más que robarle a mi madre y a mis vecinos para pagarme el vicio.
  • La Sección Segunda es la que nos preocupa de verdad porque es la que va a hacer que para conseguir los éxitos de Pepe Benavente tengamos que pasar por caja. Esta sección demoníaca tratará de evitar que los benevolentes proveedores de contenidos que no les pertenecen se lucren directa o indirectamente con los mismos o que causen perjuicio patrimonial a la infernal compañía que los ha producido con su dinero. 
Nunca se me había pasado por la cabeza que ESTO pudiese costar dinero.

    Todo esto nos conduce al siguiente mecanismo para chapar nuestro top manta virtual nuestra página web:
  • La maléfica poseedora de los derechos denuncia a la Comisión a las páginas que contienen o enlazan sus contenidos sin su consentimiento y mucho menos haberles pagado.
  • Antes de iniciar procedimiento le envía un requerimiento al demandado para que retire los contenidos que vulneran el copyright en un plazo de 48 horas. También puede realizar las alegaciones y presentar las pruebas que determine oportunas. Todo esto suena muy ilegal.
  • Ésta, tras una serie de plazos para que ambas partes presenten pruebas, decide si se están vulnerando los sobrevalorados derechos de propiedad intelectual y dicta resolución. A este proceso se accede mediante autorización judicial.
  • Finalmente remite su decisión a un juez para que la ratifique.
    Tras esto se evidencian dos cosas: La primera es que no tengo ni puta idea de leyes y que es mejor que se lean la ley original si quieren enterarse de algo y la segunda es que ciertamente se provee a la Sección Segunda de unas atribuciones muy poco perfiladas que pueden llevar a un uso indebido de la misma. ¿Significa esto que haya que abolir la ley? No, simplemente exigir el vago de mierda del legislador concrete un poco más para evitar vacíos legales. También es cierto que el recorrido de esta ley hasta ser aprobada ha sido bastante tortuoso y que poco o nada tiene que ver la redacción final con aquélla con que salió por primera vez al mundo pero en eso consiste el sistema parlamentario y las sociedades democráticas. El resultado final es a priori, por lo menos en cuanto a procedimiento y legitimación del mismo, bastante aceptable.

¿POR QUÉ NO ES TAN MALA COMO LA PINTAN?

    Para responder esta pregunta hemos de profundizar un poco en nuestras respectivas psiques de filibustero y transformar el cerril "Arrg, ¡Qué me cierran Vagos!" por un más cívico "¿Y qué derecho tengo yo a bajarme las cosas gratis?". Debemos extrapolarnos al hecho de haber venido pirateando largos años hasta familiarizarnos con el delito y acercarnos a esta disyuntiva sin prejuicios. Cerrarse en banda a una opinión, negando todo diálogo, es evidencia de falta de convicción.

    Para descalificar a la ley se han utilizado todo tipo de argumentos y por eso paso a enumerarlos uno a uno para evitar el cacao mental en que se ha convertido la disputa:

  • Descargando no le hago daño a nadie: Falso. Dañas a las compañías que invierten su dinero en generar los contenidos y haces que sus negocios sean menos rentables puesto que contraes su mercado potencial. Reduciendo los beneficios de la industria, provocas la caída de las pequeñas compañías y entorpeces la innovación y la irrupción de ideas nuevas ya que se apuesta solamente por aquéllo destinado a un público mayoritario. Ante este tipo de tesituras, las empresas tienden a concentrarse y optimizar sus estructuras, lo que hace que muchos puestos de trabajo sean innecesarios y por tanto se destruyan.
  • Me bajo el juego/película/disco/porno y si me gusta me lo compro: Aquí cada uno con su conciencia, pero lo más probable es que después de haber hecho uso del contenido está determinación se debilite. Además tampoco es justa: el pago es por el contenido, no por el disfrute del mismo. Si yo no pagase a todos aquéllos que me prestan un servicio que termina por no gustarme la prostitución transexual desaparecería en España.
  • Si no me lo bajase tampoco me lo compraría por lo que no daño a nadie: Falso. Hay gente que no compra absolutamente ningún contenido audiovisual y que sin embargo hace un uso intensivo de los mismos. Si no le interesasen tampoco se los bajaría: yo no masturbo ancianos en el metro aunque sea gratis. Al que se baja cosas regularmente es indudable que le gustan y si tuviese que pagar por ellas seguramente terminaría por adquirir alguna. Además, si no tuviese dinero dejaría de estar pegado al ordenador y pensaría en hacer algo más productivo a la sociedad que trolear en los foros del Marca.
  • La industria es malvada y se aprovecha de nosotros: Verdadero. Sin embargo ésto no nos da derecho a robarles. Las compañías establecen el precio de los productos en base a lo que el consumidor está dispuesto a pagar por ellos. Nuestro mecanismo para presionarlas es bajar la demanda, boicotear sus productos, pero queda cortocircuitado con la piratería. Las cifras de descargas ilegales son esgrimidas por las compañías para justificar la no bajada de precios puesto que demuestran que la demanda existe. Gracias a ustedes la SGAE se las trae de víctima para sodomizarnos a todos.
  • Lo que yo hago es una copia y por tanto no estoy robándole nada a nadie: Falso. El derecho a copia es para uso personal a fin de no degradar el original o para proveernos de un divertido suministro de posavasos. Aunque no esté perfectamente explicitado, las compañías nos venden una licencia individual del producto del que ostentan la propiedad intelectual. Además, copiando dejas de ser un comprador potencial: no lo niegues, bajándote algo demuestras el interés que te suscita. Todos estos problemas legales surgen de la naturaleza de lo digital y de su fulminante evolución, que ha planteado situaciones para las que la ley no tiene respuesta. Pongamos un ejemplo analógico para entender mejor el perjuicio a las compañías: Imagínense a un pastelero. Éste elabora unos lazitos y los coloca en el escaparate de su establecimiento. Para hacerlos ha gastado tanto materia prima como su tiempo y, puesto que ambos valen dinero, lo hace para lucrarse. Pueden imaginarse que el panadero es malvado o que cobra excesivamente por sus productos pero esto no alteraría la metáfora. Ahora imagínense que ustedes van caminando por la acera y se encuentran frente al escaparate de la panadería y que por supuesto les encantan los lazitos como a un cerdo revolcarse en su propia mierda. En la vida real no tendrían más alternativa que entrar y pagar por ellos si quisiesen comérselos, pero fantaseen ahora con la idea de que pudiesen copiarlos. Disfrutarían del trabajo del panadero y no le pagarían nada a cambio. Si lo hiciesen sólo ustedes y la demanda de lazitos fuese elevada no pasaría nada, pero como culo veo culo quiero, todos los comedores de lazitos empezarían a copiarlos y ya no se venderían. La primera consecuencia sería que el panadero dejaría de hornearlos, pero como le habrían cogido gusto a eso de copiar harían lo propio con el pan y los pasteles y si me apuran hasta con el panadero, su señora y su hija y al final el buen hombre tendría que cerrar el negocio. Ustedes ya no tendrían lazitos que comer y el panadero y los 3 rumanos ilegales que trabajaban para él tendrían que dedicarse a adornar las oficinas del INEM.
  • Las páginas con contenidos ilegales no se lucran con ellos: Falso. En primer lugar postear contenidos gratuitos que se benefician para más inri de las vías publicitarias con que los respaldan sus legítimos propietarios incrementa enormemente la afluencia de visitantes. Esto es algo contra lo que no puede competir una página con una caca en el logo y que sólo puede ofrecer un tocho de texto para leer y cuatro fotomontajes cutres. Yo genero contenido aunque sea una mierda y no me visita ni el tato y otros enlazan material que no les pertenece y revientan el contador de visitas. Y, cuantas más visitas, más ingresos publicitarios. En ésto la mierda salpica hasta al mismísimo Google: el aumento del flujo de consultas y del tráfico por sus servidores les reporta su mayor fuente de ingresos que no es otra que la publicidad. Ésto en el caso de los torrent, porque en el de los ftp, se recompensa a quienes suben contenidos a sus servidores en base a la cantidad de descargas que registran. En teoría no se puede almacenar material protegido por copyright, pero como cualquiera de ustedes sabrá son enormemente reacios a difundir el listado de lo que albergan y mientras deciden si suprimen algo o no se lo bajan unos cuantos millones de personas.
  • Enlazar contenidos ilegales no es un delito: Falso. En primer lugar, aquéllos que postean los links son sus creadores: sólo hay que ver como se ponen si te atribuyes tú los enlaces. En segundo, aunque utilicen este tipo de argucia legal siguen colaborando en un delito de difusión de contenido ilegal. Es como si yo les preguntase por un sicario para matar a mi mujer y ustedes me dijesen que su cuñado estaría dispuesto a hacerlo por un bocadillo y una tapa de calamares o como si ustedes regentasen una tienda de radio-cassettes robados. Ustedes se enriquecen con una mercancía de la que conocen su origen ilícito.

 
Mazinger respondiendo a la pregunda de un sacerdote irlandés de dónde estaban los monaguillos.

  • Ver cine es más cómodo en casa: Depende. Aquí poco tengo que añadir a lo dicho por Carles Torras en Días de Cine: "Ir al cine es como hacer el amor y verlo en tu casa en el ordenador es como masturbarse". Ante toda esa gente que, ya sea porque son unos vagos de mierda o unos agorafóbicos, que prefieren ver una película en un screener cutriento o mutilada por la publicidad en la televisión no puedo más que decir que respeto sus gustos de mierda aunque no los comparto. Las distribuidoras no son ajenas a todos estos usuarios pero se encuentran, tanto las tradicionales como las creadas específicamente para la web, conque han de competir con páginas que ofertan contenidos gratuitamente. Volvamos a la historia de nuestro panadero cual Rajoy con su dichosa niña: Nuestro desdichado protagonista decide emigrar para ganarse la vida a un país con mayores oportunidades, digamos por ejemplo Francia. Al llegar, decide abrir una panadería porque tiene unos ahorros de robar un banco y además es lo único que sabe hacer. Para levantar el negocio ha de enfrentarse a una serie de gastos fijos tales como: los costes de la harina y vete tú a saber que más cosas con que hace los pasteles, la carga impositiva y los salarios de los empleados que se han encarecido porque allí está mal visto eso de contratar irregulares y mucho más no pagarles. Pero el verdadero quebradero de cabeza de nuestro pastelero es una panadería mágica situada en la misma calle. En ella las materias primas de la mejor calidad surgen de un vórtice espacio-temporal, los panaderos son un par de duendes que no conocen eso de los convenios colectivos y no se pagan impuestos simplemente porque está fuera de la ley y no han pedido permiso a nadie para abrir el chiringuito. Así que, ante un competidor que oferta gratuítamente sus productos y recibe sus ingresos de otros conceptos no sirven de nada la innovación de nuestro pastelero, el que baje el precio hasta rozar el beneficio 0 y mucho menos el que ofrezca de regalo, previo rellenado de una cartilla, productos ignominiosos con el emblema del Real Madrid.  Nuestro pastelero, harto de la vida y de las paranoias a que lo somete este humilde cuentacuentos, decide acabar con su vida en la amasadora de pan. Las consecuencias no se hacen esperar: cuando se descubre que el vórtice espacio-temporal de la pastelería rival comunicaba con el almacén de la de nuestro infortunado ya es demasiado tarde y la venta de bollería se va a la mierda, en segundo lugar los proveedores tanto de harina como de serrín y pilas gastadas pierden a uno de sus mayores clientes y comienzan a dedicarse al tráfico de armas para cubrir las pérdidas, el estado deja de percibir los impuestos de nuestro panadero que sería rácano y falsearía las cuentas además de irse de putas como todo pequeño empresario pero contribuía al mantenimiento de las instituciones estatales y al capital para ayudas y subvenciones y finalmente, y no porque no haya más afectados sino porque ya no se me ocurren más payasadas, dejaría en el paro al pequeño transportista que distribuía cucuruchos para helados y nata montada a pequeños supermercados, bares y prostíbulos.

Aquí tenemos a un duende de la panadería mágica duplicando los lazitos inspirados en el logo de esta página.
  • La ley atenta contra la libertad de expresión: Verdadero. Pero por el simple hecho de vivir en sociedad ya vemos mermados nuestras libertades. Por ejemplo: Cuando paseo por la calle y veo a una muchacha atractiva desearía lanzarme sobre ella y poseerla furiosamente sobre la acera pero, como es delito, tengo que cortejarla para conseguir lo que quiero. Lo que en la naturaleza sería un si te he visto no me acuerdo, en sociedad se traduce en una hipoteca, chiquillos y depresión crónica. Vivir en sociedad implica ceder parte de nuestra libertad en pos del bien común y el establecimiento de una serie de principios inamovibles sobre los que edificar nuestras vidas. Puede que ustedes estén o no de acuerdo con el capitalismo, pero es el sistema económico en que nos toca vivir y en él para comer hay que ganar dinero. Si todos piratean los generadores de cultura no ganan dinero y, en consecuencia, no comen con las funestas consecuencias que esto tiene para el cuerpo. Si no les gusta que esto sea así, levanten el culo de sus sofás y descubrirán que la ley Sinde es el menor de sus problemas.
  • Existen presiones extranjeras para que adoptemos la ley: Verdadero. Como ha destapado wikiLeaks ha existido una gran presión diplomática sobre España para endurecer su reglamentación respecto a la propiedad intelectual. Como siempre todo lo que huela a Estados Unidos huele mal pero en este caso no hay nada que reprocharles más allá de la injerencia política. Como mayor productor mundial de contenidos audiovisuales es lógico que trate de hacer valer sus derechos en el extranjero, especialmente cuando en nuestro país la legislación era prácticamente inexistente.
  • No se puede cobrar por la cultura: Falso. Los generadores de contenidos dedican a esta actividad, como es lógico, todo su tiempo. Es su actividad profesional y por tanto es lógico que sean retribuídos por el ejercicio de la misma. Si quieren formas de ocio y cultura gratuíta tienen otras muchas que no cuestan nada: tanto aquéllos contenidos cuyos derechos han expirado y son de dominio público como actividades tan gratificantes y gratuítas como follar excepto que se vayan de putas, pasear, sumarse a las brigadas yihadistas, charlar con los amigos, dedicarse a la ultraviolencia, charlar con las amigas que se quiera follar y un sinnúmero de actividades. Nadie se muere por no ver una película o dejar de oír un disco. No son productos de primera necesidad y si disponen de un sueldo, cosa difícil hoy en día, pueden permitirse su consumo aunque de manera mucho menos voraz. La cantidad de contenidos que adquieran dependerá de la importancia que les den a los mismos. Ya conocen el clásico "en la vida no se puede tener todo".
  • Los autores cobran una miseria por sus obras: Verdadero. Lo que no quita que este sea un argumento lamentable para defender lo indefendible. Ya sabemos que las distribuidoras son malas y que la SGAE reparte lo que recauda como le sale de la polla pero este no es un asunto que nos concierna a los consumidores. Este es un problema de los autores y son ellos quienes han de resolverlo. Yo tampoco siento simpatía por este tipo de empresas pero son necesarias. Sé perfectamente que en el mundo actual los creadores pueden distribuír directamente sus contenidos y percibir la cantidad íntegra que paga el usuario pero así dejaría de ser una industria. Creo que ya hay bastante desempleo como para destruír toda una estructura de la que dependen numerosos puestos de empleo para hacer millonarios a cuatro autores. Eso sí, no niego que la parte del pastel que les toca actualmente es a todas luces insuficiente.

    De este tocho de texto se deduce que estoy enfermo y ampliamente reprimido y otras cosas que sólo admitiría en presencia de mi abogado, pero también que, tumbando la mayoría de argumentos que esgrimen aquéllos que se agarran a cualquier excusa como a un clavo ardiendo para cerrarse en banda a la ley, he expuesto sobradamente mi punto de vista. 

    La tan denostada ley Sinde simplemente pretende llevar las cosas al camino del que nunca debieron apartarse. Es de sabios el rectificar y el admitir las propias faltas; lo que hacíamos ahora, aunque no lo parezca, es delinquir. Puede que no podamos ver 5000 películas al año, escuchar todos los éxitos de Manolo Escobar y esta lista entera, jugar o todo cuanto puto videojuego sale aunque sepamos de antemano que es una mierda o leer chorrocientosmil cómics y ver tropocientasmil series para aumentar nuestra cultura friki y fardar ante otros inadaptados, pero quizás empecemos a disfrutar las cosas y a darles el valor que realmente tienen.
 
    Ahora, cual Rajoy en un debate, les recuerdo a nuestro panadero putero, explotador y adulterador de la materia prima, pero trabajador a fin de cuentas. Hagan uso de esa cualidad tan humana que es la empatía e imagínense por un instante que ustedes son él. Seguro que no les gustaría que viandantes copialazitos y establecimientos mágicos explotaduendes les jodiesen el negocio porque así como algunos cobran, y por tanto comen por limpiar escaleras, trabajar en la Meristation hacer críticas bajo soborno, casarse con gente que sólo quiere los papeles, hacer de mujer-florero para el jefe, insertar penes de animales en otros y esporádicamente en uno mismo, hacer de hombre-florero para el jefe, lamer culos, intimidar a pequeños comerciantes, dejarse su vida y su salud en una ocupación que les da cuatro duros pero que hacen ricos a otros por tocarse el nabo, vender consoladores y tupperwares a domicilio, hacer creer a la gente que te interesan sus problemas y que por tanto has de ser su presidente y un sinnúmero de trabajos más, ustedes cobran por engordar a base de pasteles a la gente y son una parte más de la humanidad que existe por una demanda de la misma y que permite que esta máquina herrumbrosa que llamamos sociedad siga funcionando.

    Lo que les pido es un ejercicio de coherencia: La piratería es inadmisible se mire por donde se mire y que resulte anónima y sumamente fácil de ejercer no evita que constituya un atentado sino contra la ley si contra la justicia. Si la ley Sinde no les gusta, algo que puedo admitir, propongan otra más equilibrada o mejor redactada pero siempre con miras a acabar con esta lacra.


Rajoy tratando de imaginarse a nuestro panadero.