Sado, puñaladas y tías abiertas de piernas


    Voy a contarles una bonita historia:

    Corría el mes de Septiembre de 2011  (año 0 AM, antes de Mariano), las bolsas del mundo se hallaban al borde de la implosión, hacía un calor del carallo y yo navegaba plácidamente por mi espacio personal de Bloggerajeno a la marcha del mundo cuando se me dio por ver la sección de estadísticas y, especialmente, la pestaña que me abrió el infierno que ahora pobla mis pesadillas: Fuentes de tráfico.


    Y yo que, iluso de mí,creía que la gente terminaba cayendo en esta página porque hablaba de temas polémicos interesantes o que incluso repetían su visita: Craso error.
 
    La fuente mayoritaria de tráfico es "abierta de piernas" que para mi oprobio corresponde a una foto ubicada en un post estructural de la página sin mayor importancia. ¡Jrazias Google Imágenes! Eso por no hablar del extraño sentido del humor de Google que ha tenido bien enlazar este blog en búsquedas como "el rincón del sado ", "palomino mierda " o "sado películas con muchas puñaladas vídeos "¿? Creo que sobran las palabras. En serio. ¿Sado películas con muchas puñaladas?... ¿Pero que coño?


     Por lo demás disculpen la lentitud a la hora de defecar post que viene siendo la tónica general en esta profana casa desde el estío: no es síndrome post-vacacional, es simple y llanamente pura vagancia. No esperen que la cosa cambie hasta al menos después de Febrero.

   Y ahora les dejo para que puedan seguir ahondando en sus aficiones.

Les juro que no sabía que había tantos entusiastas de la gimnasia en la red.


Motivacional de mierda III

Pero cuidado, no te vayas a atragantar.

Las 5 cosas que más me encabronan de Internet


Escribo esto desde una paradisíaca playa de la República Dominicana, tras echar un vistazo a la cotización de mis empresas en la bolsa del Bhután, cómodamente tumbado en mi hamaca y sorbiendo agua de coco al tiempo que espanto a insidiosos vendedores de toda clase de mierdas que acuden erectos a la llamada de mi pestífero sudor. Bueno, lo anterior no es del todo cierto, por no decir que es totalmente falso: escribo desde mi casa en el tiempo que me deja libre el trabajo de verano que ejerzo realizo para costearme mi tocada de nabo mis estudios universitarios y que no dedico a mi ocupación del resto del año. Por eso les recomiendo hamijos que estudien mucho para poder tocarse el nabo también en verano e incluso para optar a que se lo toquen sin la malicia con que lo hacen con el mío.

El tema de hoy es de lo más interesante, si por interesantes entienden cosas como las evoluciones del vuelo de los insectos o la tristeza postcoital: Internet y su subcultura de porfiados palurdos e ignorantes de postín entre los que me incluyo modestamente. Y, como no soy menos que nadie, voy a publicar un artículo donde no impere más ley que la de mi opinión y en el cual los pocos datos presentes sean aquéllos en que me apetezca apoyarme aunque sea a la pata coja. Para redondear la fórmula lo envolveré todo en mi habitual ecléctico barroquismo que, al igual que siempre, no alcanzará a ocultar el que tan sólo soy un funambulista balanceándose en el vacío de la ignorancia sobre un hilo de anaeróbicas oraciones.

Así que sin más preámbulos, este texto versa sobre la serie de cuestiones que hacen que me plantee iniciar la odisea de darme de baja de Internet y volver al mundo analógico. Como son varias cosas y lo bastante inconexas para que una mente como la mía, pareja en capacidad relacional con la de las ovejas aquejadas de cefalea, sea incapaz de desarrollar un texto como el Monstruo del Espagueti Volador manda voy a optar por el camino fácil de endiñarles una lista:


LAS 5 COSAS QUE MÁS ME ENCABRONAN DE INTERNET:  ¿por qué cinco y no 20?…porque por el culo te la hinco y no me hagas más preguntas que me tienten.


5- LA VERDAD ESTÁ AHÍ FUERA...¿VERDAD?

Una de las cosas más características de la red es la credulidad con que se toman datos de procedencia más que dudosa; las más de las veces pura especulación subjetiva cuando no marcadamente tendenciosa, sensacionalista, paranoide o cualquiera de los adjetivos que suelen aparecer en la crítica de un libro de Tom Clancy, a la par que se rechaza la parcialidad de todo aquello que huela a grupo editorial. Pero en los medios impresos se dan dos particulares que brillan por su ausencia en Internet: el autor firma con su nombre un texto del que responde y éste ha pasado por el tamiz de un editor que asegura unos mínimos de calidad o, a falta de ésta, de interés.

Esto no solo se refiere a los artículos de la Wikipedia trufados de incorrecciones y que se cortapegan con una tranquilidad tal que si los avalase la Ilustración en peso sino al enorme cenagal de mentiras de toda índole, tanto flagrantes como producto de la mejor de las voluntades, que se confunden con lo auténtico y que se ha convertido en el sustrato ideológico de gente que comienza a creer que la respuesta a todas sus dudas, ya sean estas políticas, metafísicas o de los múltiples usos de la mantequilla, se hayan en la red al alcance de un solo clic. O dicho de otro modo: la inmediatez suele ser recíproca: tardas tanto en leer el texto como su autor en escribirlo y eso repercute muy negativamente en su profundidad, exhaustividad y especialmente en su credibilidad. Digamos que yo para perpetrar escribir este texto manejo unos tres conceptos en mi mente aparte de 3969 pensamientos sexuales de explicitud y depravación crecientes  mientras que si fuese escrito por un sociólogo ambas esta cifra aumentaría enormemente. Y sólo esto; estaría apoyada por datos y no meras conjeturas y de los pensamientos que amenizan mis deyecciones, redundando en un texto mucho más nutritivo para sus caletres y con el que podrían estar o no de acuerdo en cuanto a tesis pero les aportaría las herramientas con las que desarrollar las suyas propias.

De esto no puede salir nada bueno.

Y es que en esta vida, por desgracia, ni todo ni todos merecen el mismo crédito, ni mucho menos tiene el mismo valor un texto escrito en las pausas para la merienda, tal que éste, que un uno fruto del esfuerzo de aquél a quién le sirve para pagarse los garbanzos. Ya pueden ser de ficción, un ensayo, periodístico o los maravillosos artículos de la Interviú por los que como español de bien me compro la revista; cualquiera ellos supera ampliamente la media de calidad de la red.

Y para acabar tres pequeños apuntes que me da pereza desarrollar:

  • Crear un periódico basado en los temas más leídos no lo hace mejor sino todo lo contrario. Hay información muy importante que no interesa a casi nadie. No, a mi tampoco.
  • Es mucho más fácil que te la metan doblada en Internet que en la prensa amarilla porque al menos ésta está sometida a cierta regulación de contenido y al peso de la ley. La prensa española es lo bastante libre, otra cosa es la diversidad, como para andar buscando “la verdad” en la trastienda de la información.
  • Un exceso de información sin ningún criterio de orden es peor que la ausencia total de la misma. Vivimos en la sociedad de la información pero no somos computadoras.

Y a modo de corolario: los medios impresos nos pueden engañar, claro que sí, pero merecen, a priori, más credibilidad que Internet.

4- ¡MAMÁ SOY EL MÁS POPULAR DEL BARRIO!
  - PUES SAL A JUGAR CON TUS AMIGOS.
  - …

Aparte de las dudosas ventajas e innumerables inconvenientes que han traído las redes sociales y de los que no hemos visto sociológicamente ni la punta del [que vuele su imaginación], lo que más me llama la atención es la cantidad de hamijos con que puede contar un abducido usuario de las mismas y que comienza a convertirse en un nuevo fenómeno cuantitativo capaz de generar conversaciones tan gozosas como la que sigue:

-Mira Segismundo, tengo 739 amigos.
-Bah, eso no es nada, yo tengo 4986.
-Bueno… Esto… la cantidad no es lo importante: los míos son más juguetones.
-Pero porqué iba a estar reñida la cantidad con el ánimo lúdico.
-…¡Cráneo previlegiado!

Al final lo que cuenta es la cantidad y acabas agregando hasta al chapero del otro barrio que conociste ayer porque el tuyo se ha ido de vacaciones o a toda esa gente que ingenuamente alcoholizada te ha dicho su nombre para que puedas llenar su tablón de comentarios que harían sonrojar a Alfredo Landa en plan piscinero. O incluso peor, emular las interminablemente almibaradas, con trazas psicoanalíticoparvularias, conversaciones-circunloquio de Dawson Crece o similares series de ésas que nos preparan para ser gilipollas y a mí, que me las veía todas, un excelente espécimen de gilipollas brasas.

Al final resulta que amigos de verdad, de esos que te aguantan la halitosis y tu personalidad esquizoide, tenemos cuatro o cinco y que perderlos resulta de lo más fácil como para andar echándole alpiste a una troupe de desconocidos para que llenen nuestro contador de visitas. De hecho el tiempo que dedico a este blog ha ocasionado la ruptura de la relación con mi perro porque les tenía celos.

¡¡¡Agregameeeeeee!!!


3- LA ERA DE LA INCICLOPEDIA.

Supongo que ya hay estudios sobre lo que voy a inventarme a continuación, pero como soy un vago de mierda no me he leído ninguno y voy a marcarme un pseudo-cutre-micro-sociológico-psicológico análisis sobre la incidencia de una satisfacción instantánea de la curiosidad, y además sin mover el culo del asiento que es muy cansado eso de ir a la biblioteca, en la formación intelectual de las generaciones que han nacido con un ordenador debajo del brazo.

Yo sostengo que Internet ha formado a toda una caterva de resabidillos que, acantonados tras sus teclados y sus abejiles ideas, por eso de ir de flor en flor del conocimiento, creen saber de todo y en realidad no saben de nada porque en nada profundizan.

En las causas yo veo en primer lugar la inmediatez: a lo que poco cuesta no se le da valor y acaba perdiendo pronto la atención en detrimento de un nuevo tema. Cuando antes sentías la necesidad de informarte sobre un particular, como por ejemplo el modo de cortejar a un ovino, no tenías más remedio que consultarlo en un libro o  preguntárselo a algún resabidillo, pastor trashumante en este caso. Pero, como las personas que nos las traemos de “kurtas” jamás aceptamos el no saber algo, siempre terminábamos por acudir a la primera de las opciones, que se abría al contacto de nuestras yemas y nos permitía penetrarnos de su sabiduría, sin reproches y sin pedir nada a cambio. Marranadas aparte, un libro no lo suele componer una sola reseña sobre un tema específico: forma un bloque en el que se entremezcla el objeto de nuestra ansia con los muchos que le son cercanos y sin los cuales no puede ser comprendido. Lo contextualiza y despierta nuestro interés por la maraña conceptual que se abre ante nuestros ojos, embriagándonos de transversalidad y fascinándonos la enormidad del conocimiento humano y su pequeñez en comparación con que nos queda por conocer y el mucho que nos es vedado. Por lo tanto, acabamos por especializarnos y desarrollar nuestros gustos personales y profundos. El mío, por ejemplo, es la desbarradura gafapástica sin previo aviso.

         En segundo y último, porque no se me ocurre ningún otro y especialmente porque quedaba muy cutre achacarlo todo a una sola cosa, está la naturaleza de la información disponible: la duración de los textos divulgativos es ridícula casi peor que la de mi mejor coito, sangrante si tenemos en cuenta que aquí no se gasta papel y lo mismo son dos que doscientas páginas, y a falta de contenido se le da una relevancia incomprensible a la anécdota. Ya sé que algunos piensan que el tamaño no es importante, sí, los cojones, pero esto sólo se sobrepasan unos mínimos. Yo, con un párrafo no tengo ni para los preliminares aunque se disfrace de Wonderwoman y me diga que he sido malo y que todo el universo DC va a practicar el medievo con mi culo. Bueno…sería cuestión de probarlo. Y es que una idea no son cuatro datos y tres anécdotas sino que debe llevar aparejado un desarrollo para ser accesible.

Las consecuencias las conocemos todos: una vorágine de opiniones de prestado, tangentes y anecdóticas, que se profieren con la satisfacción de quién se cree erudito, la consiguiente cerrazón a admitir los propios errores y carencias  y la constatación de que Sócrates sigue siendo el más sabio aunque hoy, al igual que siempre, él sea el único que lo sepa. El lugar: la inmensidad de ciberespacio, porque el resabidillo no se contenta, como yo, en porfiar en su propio blog sino que tiene que demostrarnos a todos los demás lo listo que es y atiborrar los comentarios de puntualizaciones o polémicas en pos de su lucimiento personal o incluso peor: hacernos depositarios de las místicas revelaciones de Perogrullo.

Pero ya me he cansado de este tema, así que paso al siguiente.


2-YO, YO MISMO Y MI PENE.

  ¿No se han fijado en que en las redes sociales la gente que conocen del mundo real habla de una manera un poco extraña? Unas veces, esta discrepancia no es más que una intensificación de la gañadería o un desborde de lo melifluo de su conversación, otras, la cosa se vuelve de lo más inquietante. Especialmente cuando su interlocutor interrumpe constantemente la conversación con una polución de jajajaes o cuando reparan en que no sólo ellos sino usted mismo suenan como unos completos gilipollas ante la irrefutable evidencia de su verborrea por escrito.

¿Esquizofrenia? ¿Personalidad múltiple? La respuesta es más simple: cuando la gente tiene un tiempo para pensarse lo que va a decir, lo usa para afectar la conversación. Es como cuando quieres cepillarte a otro ser vivo con los inertes no existe el problema del cortejo y quieres agradarle con cada cosa que dices. El resultado es que el otro siempre acaba pensando que eres retrasado y tus opciones por llevar la comunicación a un nivel horizontal se reducen a:

  • Empezar a soltarte y descubrir que al igual que tú eres gilipollas también lo son los demás y que es mejor decir tonterías fluidamente que devanarse el seso para decirlas a trompicones.
  • Hablar de la filosofía de Hegel inventándotela toda sobre la marcha. No te preocupes, nadie la entiende lo suficiente como para calarte y quedas la mar de “curto”. Asentirán ostensiblemente hasta que no tengan más remedio que silenciarte con cualquier medio a su alcance. Pero ten cuidado, no vayas a atragantarte.
  • Dar mucha pena. Funciona siempre, a excepción de que tu interlocutor no tenga compasión en cuyo caso esta conversación nunca habría tenido lugar.

Sin embargo, lo que más me interesa a mí y a los futuros psiquiatras de este país es ver el increíble incremento de testosterona que se da al escudarse en el anonimato. No hay más que ver los foros trufados de insultos hacia el moderador, el resto de asistentes y sus respectivas madres. En periódicos online, en páginas deportivas, en otras de filatelia, en blogs de opinión, en la Meristation y si me apuran y conmigo al espaciotiempo hasta en el consultorio de la señora Francis. Así que no les extrañe que dentro de poco, en redes como Meetic la gente ligue insultándose entre ella aunando finalmente ambos mundos.


1-POR EL AMOR DEL DICCIONARIO ESPASA-CALPE YO TE EXPULSO.


No hay cosa que más me hinche los cojones de Internet que las discusiones sobre gramática u ortografía escribir como el culo en lugares que no vienen a cuento. Por ejemplo ¡No, otra vez no! en los foros del Marca. En serio. ¿Qué coño tiene que ver el fútbol con la gañadería gramática?

Escribir bien nunca está fuera de lugar, pero ninguno de nosotros somos catedráticos de la RAE como para andar tocándoles los huevos a los demás cada vez que cometen una falta ortográfica. ¿Se sienten más onvres acaso? ¿Creen que por saber escribir bien ya tienen razón en todo? ¡Hoyga, yasta vien!

Seguramente, si analizásemos este post podríamos encontrar más de diez errores ortográficos entre diacríticos que no me sé, puntuación arbitraria y pura presbicia. Y gracias a San Corrector del Microsoft Word que no hay más. El que esté libre de haberle dado alguna vez una patada al diccionario aunque éste se haya tirado luego a la piscina, que me ponga el primer comentario abstenerse auténticos miembros de la RAE y maestros de primaria porque seguramente también él las cometerá. Yo no me creo Dámaso Alonso y no voy dándole lecciones a nadie por la red al igual que no utilizo una nadería para derribar un argumento sólidamente fundado porque, en caso de serlo, algo no deja de ser cierto por estar mal escrito. Además, si lo entienden igualmente: ¿Para qué coño se dedican a joder la marrana?

Y recuerden que si desean mantener una de estas enconadas polémicas en la vida real, puede suceder que el ignorante decida amortizar las horas de gimnasio que ha hecho y que ustedes se han gastado en perder la vista ante la nueva gramática española y partirles algo más que el alma.

¿Qué decías sobre el laísmo?

Nunca el hablar anónimamente fue tan fácil, sí señor Palomino, es digna de encomio su integridad al seguir todos y cada uno de los postulados que defiende y por tanto desvelar su verdadera identidad en la red, y como todos tenemos una opinión de todo de generación espontánea si hace falta, pues nos metemos a discutir incluso en sitios dónde no pintamos nada y donde ni mucho menos sabemos de qué coño va el tema. Viendo la cantidad de genios que pululan por la red y comparándola con la de ellos que me encuentro en el mundo real comienzo a sospechar de dónde vienen los demenciales beneficios de Teleformica. Por eso me veo en la cívica labor, propia de los grandes agentes sociales que como mi oronda eminencia tienen tal poder de convocatoria, de lanzar este llamamiento:

Ya sé que hay que amortizar el sobreprecio de la vivienda pero, Hamijos, pofaó sargan der txabolo. Hay todo un mundo tras las cuatro paredes de su domicilio, ya sea este arrendado, en propiedad, hipotecado, embargado o incluso imaginario, con conversaciones cara a cara, o cara a tetas si son onvres y/o cualquier ser que sienta simpatía por el bello sexo y fablan con una muhé de marcada personalidad, mil veces más placenteras, directas y constructivas que las que se mantienen en, por ejemplo, ésta su página amiga pero sin derecho a roce.


Vacaciones



CERRADO POR VACACIONES

Pues eso, que me tomo un respiro a la espera de volver en septiembre, si Sado Jesus quiere por supuesto.

La berracada del día II

Relatos berracos:


    Fiel al mi estilo y constancia, cada vez publico una marcianada mayor. Hoy les traigo un relato infecto que se suma a la poesía que redacté con ocasión de mi alabanza a Peter Molyneux en mi intento por destruir la credibilidad de cualquier género literario. Mírenlo por el lado positivo: si desoyen esta advertencia y deciden seguir adelante comprobarán que al acabar si todavía conservan ojos en lugar de cuencas humeantes cualquier cosa que lean a continuación les parecerá merecedora del Nobel de literatura. Y por cualquier cosa me refiero a las mayores simas de la inmundicia literaria: La Razón, las novelas de Tom Clancy, mis otros post, la saga Crepúsculo, los análisis de la Meristation, el Hola, los folletos de los evangelistas, los reanálisis de la Meristation, las novelas de vaqueros que vendían en los estancos y un largo etcétera. Y ahora, sin más dilación, el relato que les descubrirá los beneficios de las camisas de fuerza:


HISTORIA DE UNA OFICINA CUALQUIERA

Paco, que desconocía los usos del papel higiénico, no recordaba haber comido chocolate y fue a lavarse las manos después de darle una palmada en la espalda a su amigo Inocencio que sólo venía  a trabajar cuando estaba sobrio; o lo que es lo mismo, cuando se le acababa el dinero. En el último momento no pudo resistir la tentación y, con el grifo ya abierto, les dio un lametazo: definitivamente aquello no era Milka.

Marta, que llevaba toda la mañana chateando, vio como Paco salía lívido del excusado y con el cuello de la camisa impregnado del desayuno a medio digerir que le había visto devorar como un cerdo a media mañana. En ese momento oyó el paso renqueante de su jefe al que conocían cariñosamente  como “ese putero de mierda” y, rauda, intentó cerrar las páginas que saturaban su escritorio, pero era demasiado proceso para un ordenador antediluviano y se quedó colgado. Bonifacio, que cojeaba sin ser cojo, se inclinó suavemente sobre el escritorio de Marta pero no se percató de sus preferencias como internauta porque no se fijó en el ordenador. Sin dar ni los buenos días se encaminó todavía más cojo que antes al baño de donde no salió en un buen rato.

Florinda, la secretaría de “ese putero de mierda” había dejado de cojear desde hace una semana pero ahora tenía magulladas las rodillas. Esta mañana les había indicado por signos que estaba acatarrada y no podía hablar. Nadie se explicaba como una mujer tan cuidadosa se rompía siempre los botones de la camisa, acababa tan despeinada y llena de cardenales. Eso por no hablar de su enorme propensión a tirarse pedos ninja: silenciosos pero letales.

Paco que había vuelto de comprarse su dosis y al que le temblaba todo el cuerpo por el mono pensó que nunca llegaría al baño para chutársela. Absorto en tales cavilaciones arroyó a Macario “el minusválido retrasado que hacía las fotocopias aunque no siempre de lo que le pedían”.

Paco se encontró con Bonifacio cuando este meditaba sentado en el trono: éste rió, Paco lloró.

Marta estaba harta de decirle a Paco después de montárselo con él que fuese a su proctólogo, que esos berridos en el baño no eran normales, que a la gente le cuesta  pero lo de necesitar una transfusión después no es normal. Ante esto Paco callaba y su mirada se perdía en el infinito.



FIN


Emoticonos

    Hoy doy por concluida la pequeña remodelación  de los comentarios de esta página. A mi nulo conocimiento de xml se suma mi aterrador gusto estético para que a partir de ahora comentar se convierta en algo atroz. Además, he incluido la posibilidad de añadir emoticonos a los comentarios: la selección, que va de lo aleatorio a lo esquizoide, no es definitiva y si por casualidad alguien hecha en falta la expresión de un determinado sentimiento o gesto sólo tiene que pedirme que la incluya y lo haré gustoso si me sale del zipote.


Mi ayudante dominatrix imaginaria está abierta a todo tipo de sugerencias.

 

¿Casual o Hardcore?

    Antes de comenzar el artículo les propongo que realicen este test creado por parapsicólogos de la prestigiosa Universidad de Lepe para ver en que lado de la discusión se encuentran:





¿Qué opinas de los colorines?
. Que son una mariconada
. Sólo los tolero en el Halo
. Me fascinan
. Me gustan todos menos el marrón next-gen

¿Te dejarías dar por culo por Kojima?
. Sí
. Puede
. No
. ¿Por quién?

¿Cuál de estos objetos utilizarías para estimular tu colon?
. El mando de la Dreamcast
. Un joystick
. El puño
. El wiimote plus

Puestos a imaginar: ¿Qué imaginarías ser?
. Xboxer
. Molyneux
. Normal
. Pikachu

¿Qué te sugieren los formidos marines espaciales?
. Virilidad y testosterona
. Deseos de provocar una matanza
. Perplejidad anatómica
. Pulsiones gayer

¿Cuál sería tu dispositivo de control ideal?
. Uno con chorrocientos botones y tropecientas palancas analógicas, digitales y metafísicas
. El de la Atari Jaguar
. El Kinect
. Ninguno, yo me la casco con la mano

¿Cuál es tu compañía favorita?
. Titus Interactive
. Sony
. Nueva Rumasa
. Nintendo

¿Qué opinas de MeriStation?
. Me encanta trolear en sus foros
. Adoro la rigurosidad de sus reviews
. Tengo la sospecha de que no son imparciales
. Siento un odio irracional hacia la misma que libero siempre que es posible en mi blog

¿Prefieres jugar o ver cinemáticas?
. Metal Geeeearrrr!!!
. Los vídeos están muy bien
. Soy más de la jugabilidad
. Para aguantar una historia de mierda me voy a ver una película de Tony Scott

¿Te has sentido ofendido durante este test?
. Si, Palomino es un casual de mierda
. Tendrás noticias de mi abogado
. No, de hecho he perdido el deseo de trolear en los comentarios
. ¡Deseo aumentar tu bastarda progenie, Palomino!






    La entrada de esta semana va dedicada a la diferenciación que se hace de los jugadores desde las empresas y de como ésta ha calado entre sus consumidores. Adelanto que me parece una soberana gilipollez, no tanto el concepto original sino aquello en que se ha transmutado. Además, como yo no soy anglosajón y estoy un poco hasta el escroto de eso de substituir palabras que ya tenemos en castellano por otras de fuera para convertir nuestras conversaciones en una puta estridencia, prefiero referirme a las mismas como ocasional y habitual; y uso ambos términos por que son respectivamente los significados que realmente les corresponden: un casual es un jugador que hace honor a su nombre poco tiempo y un hardcore uno que se envicia cosa mala. Por desgracia, lo cómico de los términos hará que los excrete una y otra vez olvidando esta declaración de intenciones.

Decididamente hardcore.

    Aunque los jugadores ocasionales han existido siempre, fue con la irrupción de de Nintendo Wii con la que se popularizó el término. Esta consola ensanchó enormemente el mercado de los videojuegos y los hizo accesibles y atractivos para una gran cantidad de personas que nunca antes se habían sentido interesadas por una consola. También renovó el interés de todos aquéllos niños, hoy un poco más crecidos y hechos mierda, de la generación NES que habían visto como los juegos pasaban de ser algo con lo que divertirse un rato, un juguete, a convertirse en el primo feo y bastardo del cine. La receta del éxito la constituían unos controles enormemente simplificados e intuitivos que eliminaban una de las barreras tradicionales para los nuevos usuarios y una remesa de juegos que recuperaban el espíritu ochentero de diversión inmediata que tan de menos se echaba y que convencieron a muchos de traer de nuevo su culo delante del televisor.

    Pero lo que a simple vista era un gran éxito, no sólo de Nintendo sino de toda la industria, cogió al resto de empresas a traspié. Éstas estaban, y siguen, inmersas en el modelo que todos conocemos: nula innovación jugable acompañada por un incremento gradual de la potencia gráfica. Es como su novia nunca les hiciese nada nuevo, simplemente se limitase a aumentarse las tetas. Al principio está bien pero... bueno, creo que este no es el mejor ejemplo. Simplemente no supieron ver el potencial de la Wii y la despreciaron, y después se subieron atropelladamente al carro del éxito con producciones que mostraban no entender en absoluto la naturaleza de la consola. Las ventas de estos juegos fueron enormes, pero no fueron capaces de revalidarlo y engañar por segunda vez a los usuarios. Aquí descubrieron una gran verdad: los jugadores ocasionales no son gilipollas aunque puedan pecar de inexpertos en algunas ocasiones. Todavía me duele el dinero invertido en Imagina ser mamá, joder, no veas como engaña el título. Frustradas, las compañías rechazaron a un tipo de jugador que no terminan de comprender e iniciaron una campaña para aislarlos del resto y frenar la sangría. El término de jugador ocasional pasó de referirse al que juega un rato y luego se dedica a otras cosas, porque a diferencia del habitual tiene vida social, a generalizar sobre los usuarios de la Wii: Ya no eres casual por jugar poco; no, ahora eres casual por jugar con un mando con sensor de movimiento aunque lo hagas al Flight Simulator, por ser niño o viejo y estar por tanto alejado del estereotipo de jugador juvenil gordo con acné que se evade de sus frustraciones encarnando a un héroe musculoso y follaputas o por pretender que eso de la jugabilidad ha de ser la base de todo videojuego y no un interludio a la narrativa. El término hardcore, por tanto, se erige por oposición al anterior: el habitual se torna en reaccionario adalid de la ortodoxia Sonyer y el ocasional  en el enemigo que no se deja maravillar por cosas tan trascendentales como son el número de polígonos por segundo que es capaz de mover una máquina, por esos maravillosos reflejos en los azulejos o la cantidad de epilépticos filtros que puede mostrar tal o cual motor.

    
Si esto no es hardcore del bueno que baje Dios y lo vea.

    Uno de los motivos principales de disputa es el de los dispositivos de control: mientras que unos defienden una simplificación que los acerque a las acciones que buscan reflejar, otros optan por introducirles botones y palancas cual Michael Schumacher a su volante. La discusión se decantaría claramente del lado de los que defienden el control por movimiento si no fuese porque hoy en día esta tecnología es todavía un poco deficiente y reconoce exclusivamente movimientos de carácter masturbatorio que como entenderán no dan mucho juego más allá de hacer el mongolo . De no ser así no hay duda alguna de que es mejor simplificar algo que se ha alejado demasiado del objeto que perseguía originalmente y que se ha convertido en una obtusa marcianada. Es normal que controlemos un avión sirviéndonos de un montón de botones porque a fin de cuentas no tenemos alas ni nos desplazamos enteramente en 3 dimensiones, pero que para manejar a nuestro émulo monigote tengamos que utilizar dos palancas ¿? y una retahíla de botones es absurdo. Jueguen sino al Heavy Rain y alucinen.

    En un principio dos botones servían para un par de acciones como mucho, pongamos por ejemplo saltar y disparar y la cruceta para moverse; lo que era bastante ortopédico pero intuitivo. Pero con los años los juegos se han ido volviendo cada vez más complejos y ponen a nuestra disposición muchos más movimientos y en muchos casos hemos de controlar incluso la cámara. El problema es que los mandos de control no han tenido una evolución paralela sino que han ido aumentando exclusivamente el número de sus botones y por tanto la complejidad de su uso. En este caso los controles se han erigido en barrera que impide sentir como propia la característica más relevante de los videojuegos como medio: la interactividad.

En serio, menudas perolas.

    Tampoco parece estar muy claro qué convierte a un juego en casual a ojos de los usuarios. La dificultad no parece ser un factor porque el ocasional catálogo de la NES haría sudar sangre a cualquier habitual. La duración de la experiencia jugable tampoco parece ser un hecho diferencial puesto que hay juegos casual de extensión considerable; esto no es incompatible con partidas cortas pues lo único que hay que hacer es segmentar el contenido jugable en gran cantidad de pequeñas secciones o logros. En el caso de la temática tres cuartos de lo mismo: hay juegos casuales de todos los géneros y para todas las edades. De hecho, hay un sinnúmero de juegos de difícil clasificación si nos atenemos a este dual criterio: ¿Es el Pro Evolution casual o hardcore? ¿Y los juegos arcade? ¿Y el 90% del catálogo de la Dreamcast?

    En el fondo, el problema parece ser la narrativa: un juego con una ingente cantidad de la misma necesita de partidas largas por lo que en los ocasionales ésta se ve reducida a un carácter testimonial en pos de la inmediatez. Piensen en los juegos ocasionales como aquéllos que se llevarían al cagadero para amenizar la evacuación del almuerzo del día anterior. Desde luego un Metal Gear no sería la mejor opción; cuando hubiese acabado la intro ya se hubiesen dado la vuelta de tanto empujar.
 
    Los hardcore, aparte de las connotaciones claramente sexuales de su nombre, se han olvidado de que la finalidad de un videojuego es divertir y de que esto puede conseguirse de múltiples maneras. Autoerigiéndose en paladines de la pureza de las formas videojueguiles pecan primero de prepotentes y cejijuntos al ningunear a un amplio sector de los usuarios que sienten como subnormales simplemente por no compartir su visión, y de desmemoriados a continuación por haberse olvidado de que la forma actual de ver los videojuegos no es más que una perversión de otra que se parece sospechosamente a la casual.

    Por el contrario, yo creo en la coexistencia pacífica de ambas formas de ver los videojuegos: por una parte están aquéllos que tienen poco tiempo o que quieren diversión inmediata y por otra a los jugadores de géneros que si precisan narrativa e ingentes cantidades de tiempo. Es por ello que la pregunta que corona este post no tiene sentido alguno aparte de trollearles: no hay casual ni hardcore gamers ¿Cómo puede definirse alguien con este palabro sin sentir vergüenza? sino jugadores en general.

Sigamos este entrañable ejemplo y compatibilicemos ambos mundos.